El suelo es el soporte de las plantas y la fuente de la que obtienen el agua y los nutrientes minerales. Suele estar compuesto por dos capas diferentes, la más profunda que es de origen mineral, y una más superficial, producto de la descomposición de diversos materiales orgánicos de origen vegetal o animal.
Cada planta necesita un terreno con unas características específicas. Además de por su valor estético o su resistencia y capacidad de adaptación a las condiciones climáticas generales, la selección de las plantas debe hacerse teniendo en cuenta su mayor o menor adaptación al tipo de terreno en que se van a plantar. Sin embargo, también pueden corregirse, hasta cierto punto, las condiciones del terreno.
Los diferentes tipos de terreno tienen sus propias características físicas de estructura, textura y grado de humedad, y también características químicas como el ph y la concentración de nutrientes.
A su vez el suelo, está formado por partículas de distintos tamaños que le dan su textura. La parte más dura es arena, y la parte menos visible o muy fina está compuesta por arcilla y limo.