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¿Cualquiera puede volverse loco?

10 septiembre, 2017
Cualquiera puede volverse loco

¿Por qué algunas personas se “vuelven locas” o otras no? ¿Por qué incluso los hermanos que pasan por las mismas experiencias reaccionan de manera tan diferente?

Si nos preguntamos de qué manera influyen los hechos traumáticos en nuestras vidas Freud nos dirá que depende de varios factores que lo condicionan.

El autor teorizó acerca de la formación de la personalidad, y de los trastornos de ésta. Sostuvo que una serie de factores encadenados podían dar lugar, o no, a la presencia de enfermedad mental. Para explicar la complejidad inherente al desarrollo de trastornos mentales definió lo que dio en llamar: series complementarias. Agrupó entonces los factores en tres series:

1. La primera serie complementaria está dada por los factores hereditarios y congénitos. En los factores hereditarios se incluyen todos aquellos transmitidos por la herencia, es decir, por los genes; en los factores congénitos se incluyen todos aquellos que provienen del curso de la vida intrauterina (malformaciones, mutaciones cromosómicas, etc.). Existe una predisposición en cada uno de nosotros al desarrollo de determinados trastornos de acuerdo a nuestra carga genética y/o a las condiciones intrauterinas a las que nos vimos expuestos.

2. La segunda serie complementaria está constituida por las experiencias infantiles, que adquieren una importancia fundamental porque ocurren en la época de formación de la personalidad. Las experiencias traumáticas interactúan con los factores hereditarios y congénitos, y se potencian o anulan unos a otros. Así por ejemplo, una persona con ambos padres esquizofrénicos y con una infancia caracterizada por situaciones conflictivas y confusas, podrían predisponerla a desarrollar dicho trastorno.

3. La tercera serie complementaria está constituida por los factores desencadenantes o actuales. Estos últimos actúan sobre el resultado de la interacción entre la primera y segunda serie complementaria, es decir, sobre la disposición y las experiencia infantiles; y la acentúan o atenúan. Siguiendo el ejemplo anterior, esta persona podría presentar esquizofrenia si sufre la pérdida repentina de un ser querido; o no presentarla nunca, si en el desarrollo de su vida se vio expuesta a situaciones reconfortantes y si cuenta con un marido contenedor.

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