Los Pedagogos identifican dos filosofías de la enseñanza; la enseñanza como una actividad técnica, y la enseñanza como una actividad artística y política.
La primera de ellas estuvo muy en boga hasta los años 90. Sostenía que la enseñanza era una actividad basada en la ciencia aplicada, y que el maestro era un técnico, que debía seguir al pie de la letra las instrucciones dadas por especialistas. Fuertemente apoyada en objetivos operativos, le tocaba a los docentes programarlos y ejecutarlos rigurosamente. Es una filosofía mecanicista, que se apoya en los métodos y en una evaluación de tipo cuantitativa.
La segunda filosofía, la enseñanza vista como una actividad artística y política, se desarrolló más tardíamente. Ésta considera que el docente es un intérprete, cuya función es ayudar al alumno a resolver problemas, y guiarlo hacia el desarrollo potencial. Es una filosofía no-mecanicista que se apoya en la utilización de estrategias, y en la evaluación de carácter cualitativo.
En esta línea podemos encontrar algunas concepciones como “Zona de desarrollo próximo” de Lev vigotsky o “andamiaje” de Jerome Bruner.
La filosofía de la enseñanza por la que optemos, tendrá que ver, y debe ser coherente, con todas nuestras demás concepciones.