No todas las flores, ramas de follaje u hojas sueltas se conservan cortadas en agua, ni todas toleran los procesos de secado. Sin embargo, como existe una amplia variedad de especies, siempre podemos escoger las que más nos interesen para componer cualquier arreglo.
El equilibrio es uno de los aspectos principales que se deben tener en cuenta. Grande o pequeño, el arreglo floral debe ser compensado y acorde con el recipiente. No conviene recargar un lado más que otro ni concentrar demasiados vegetales en el centro de la composición, cuyo volumen también tiene que guardar relación con el sitio donde esté.
Un arreglo armónico puede estar compuesto por una sola especie de flor, en un único color, solas o combinadas con ramas u hojas también en una misma especie, las cuales asimismo pueden por sí solas confirmar una sencilla composición. En los contrastes primarán flores o follaje de formas y colores diferentes puestos de nabera que ninguno se quede sin destacar. La repetición de una misma flor en un arreglo, siempre de igual color, y la de un mismo tipo de complemente de carácter al conjunto y le imprime ritmo.