Además de su uso como el primer papel, el papiro tenía un alto valor simbólico, representaba la frescura, fertilidad, regeneración, renacimiento; esto hizo que se convirtiera en el modelo decorativo para elementos arquitectónicos y utensilios de uso en el culto.
Se hicieron amuletos en forma de manojos de papiros que se llevaban como protección de vida y a los cuales se atribuían poderes mágicos que conferían eterna juventud y la felicidad sin fin también en la muerte. Estos servían también como base estructural de los ramilletes de las ofrendas, y estos ramos significaban victoria y alegría.
El papiro se convirtió en la planta heráldica del Bajo Egipto, mientras que el loto, que se encontraba a lo largo de Nilo, era el símbolo del Alto Egipto.
La unión de las dos partes se simboliza con la figura del dios Hapy, dios del Nilo, que puede aparecer atando juntos manojos de papiros y loto, o portando sobre su cabeza una corona de ellos, con apariencia de bien alimentado y pechos femeninos o bien elevándolos en sus manos.
También se puede encontrar en algún relieve a los dioses Horus y Seth anudando las dos plantas emblemáticas del Alto y Bajo Egipto, con el jeroglífico que significa “unificación”.