Con el culo al aire, optimismo y buen humor

Tino es el líder y alma del camping. Un churrero que va con su furgoneta de feria en feria y que siempre ha vivido en el camping. Alardea de llevar un tipo de vida alternativo, al margen de la legalidad. Ni siquiera tiene carné de conducir. Su problema es que se enamora de Alicia. Esa relación sentimental le pondrá en el brete de pasar por convenciones sociales que odia.

Jorge se imaginaba a su edad casado por la iglesia, con hijos y con un chalet en las afueras. Su realidad es que le han echado de la empresa por robar para intentar seguir el alto ritmo de vida de su novia, que le ha acabado abandonando. Se va a vivir al camping con Ángel, un amigo de toda la vida. Un hombre irónico, cínico y muy atractivo, padre de un hijo, que fue a parar allí por un mal divorcio, que le dejó en la calle.

Da gusto tener una serie como ésta en nuestras televisiones. Una comedia española que trae un aire fresco a nuestras pantallas, sin ese tufo a producto prefabricado y refrito para toda la familia al que estamos acostumbrados en el prime time de las cadenas nacionales. Una apuesta arriesgada y sin pelos en la lengua que, además de ser graciosa y estar bien escrita las historias secundarias de los personajes siempre suelen confluir de manera perfecta en el los últimos momentos del episodio como otras ya quisieran, tiene también un trasfondo social.

Así, Con el culo al aire es una serie con la que pasar un buen rato, pero al mismo tiempo debemos escuchar sus mensajes de crítica, que se dan desde el minuto uno del primer capítulo. En él, vemos cómo Tino el churrero va subiendo a una estructura de metal, mientras su voz en off nos va narrando al más puro estilo Trainspotting.

En un momento en el que admitir que ves ficción española está, digamos, mal visto por la escasa calidad de la mayoría de sus productos, he de admitir que Con el culo al aire me gana desde el primer momento. Con la que nos está cayendo económica y políticamente hablando, considero importante que haya una serie de factoría nacional que no esté ambientada en otra época, que sus personajes no sean asquerosamente ricos o se hagan la vida imposible unos a otros. Ésta es una serie distinta, intentando reflejar un poco la realidad de la crisis en la que vivimos los españoles, dándonos al mismo tiempo una visión optimista y demostrando que, al margen de la riqueza o los bienes materiales, al final lo que importa es la familia y tenerse los unos a los otros, y que por muy mal que vayan las cosas, podremos resistirlo y seguir adelante.

En este primer capítulo de la segunda temporada, Charo, profesora del hijo mayor de Tino, decide presentarse en el camping para comunicarles que éste no va a clase. Al llegar, comprueba que la familia ha hecho del camping su hogar e intentará hacer todo lo posible para denunciar a Tino y a Lola ante los servicios sociales y separarles de sus hijos.

Vivir en un camping, ¿dónde se ha visto eso?, pregunta Charo en un momento del episodio en el que Tino y su familia fingen estar viviendo en el piso piloto de un edificio para evitar perder a sus hijos. Claro, responde Tino a Charo de manera irónica, porque sería mejor vivir en un piso como este, con una hipoteca que no puedo pagar…. ¿Nos suena la situación? Sí, y probablemente sólo con poner el telediario.

Al final, en una de las vueltas del destino, la misma profesora es despedida por el director del instituto a causa de los recortes en Educación, y acaba también por trasladarse al camping con su hijo opositor.Sabes que si pudiera hacer algo al respecto, lo haría, dice el director a Charo, entregándole el finiquito. Charo se indigna. Pues hagamos una manifestación, una marcha verde, encadenémonos a las puertas del instituto, porque esto es una injusticia, le contesta ella. Por más respuesta, el director se encoge de hombros y le dice que lo siente mucho, pero no puede hacer nada. Y añade: Esto ya pasaba antes, y nunca habías propuesto hacer nada de eso.

Y si hay algo por lo que, sobre todo, me gusta esta serie, es por la cercanía de sus personajes. Hay que entender que, como en toda serie de comedia, sus rasgos están algo más exagerados, pero aun así siguen siendo personas, y nadie es malo o bueno del todo. Son personas normales; con sus defectos y virtudes. No tienen viñedos valorados en una fortuna; sus recursos son escasos, sobreviven a duras penas y se comportan de manera egoísta la mayor parte del tiempo, sólo ayudándose a sí mismos. Pero casi siempre, los habitantes del camping acaban haciendo piña y se apoyan unos a otros, facilitando que nos sintamos identificados con ellos y, además, dándonos un mensaje de optimismo.

No tenemos nada que un rico no tenga, dice Tino: la diferencia es que nosotros no hemos tenido que joder a nadie para conseguirlo. Si hay algo que Con el culo al aire refleja bien es la situación actual de desánimo generalizado, pero al mismo tiempo nos demuestra que, por muy mal que vayan las cosas, siempre hay una salida si nos centramos en lo importante y nos ayudamos unos a otros.

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