Como en todas las edades, en la Edad Media la meta de la gente rica era permanecer en el planeta tierra durante todo el tiempo posible. Y de ahí, la búsqueda del siempre deseado “elixir de la eterna juventud”. Así que, en la búsqueda apareció una planta herbácea llamada melisa. La melisa fue utilizada, en esa edad, como elixir para personas entradas en años, aquellas que estaban bajas de ánimo y de poca memoria. Estas personas se sentían, después de la ingesta, rejuvenecidas en ánimo y vigor.
En el siglo XVII los monjes carmelitas intentaron ahondar en el estudio de esta planta y con su fórmula topándose con el famoso «agua del carmen». Que resulta útil para combatir la ansiedad y el nerviosismo.
Aunque la melisa, mezclada con el aguardiente, es decir, melisana, se empleaba como antiespasmódico y estimulante.
Parece evidente que esta planta, dependiendo con qué se mezcla, tiene resultados diferentes y antagónicos.
En la actualidad, la melisa resulta de gran utilidad para disminuir el nerviosismo y la ansiedad. También se utiliza para casos de taquicárdias, dolores de cabeza y problemas gástricos cuya raíz se sitúa en el nerviosismo.
Las sabias actuales, las abuelas, toman en infusión melisa después de las comidas para que la digestión no tenga problemas.