Toma de decisiones

El concepto “toma de decisiones” se ha hecho muy popular en el área de la administración de negocios; pero sus alcances también aplican a la vida cotidiana.

Tomar decisiones implica realizar una elección entre varias opciones, con la finalidad de resolver una situación o dar respuesta a una problemática particular. Las emociones emergentes en estos momentos pueden variar entre: angustia, irritabilidad, y nerviosismo.

Este proceso suele verse obstaculizado cuando la situación o problema, y las consecuencias que se derivarán de su resolución, podrían afectar de manera radical la vida de quien decide.

Como una manera de ayudarnos en estos momentos de incertidumbre, podemos hacer uso de los pasos que siguen los administradores. Sintéticamente los plantearemos de la siguiente manera:

  1. Identificar y analizar el problema. En algunos casos el problema está definido, pero en otros, se debe establecer cuál es el o los problemas. Es importante identificar y diferenciar la problemática principal (o más urgente) de las problemáticas secundarias.
  2. Establecer las posibles soluciones. Ante una misma dificultad, podemos tener varias soluciones; por lo que deben analizarse los alcances de cada posible solución; es decir, las ventajas y desventajas de su puesta en marcha.
  3. Implementar la alternativa elegida. La implementación de la alternativa seleccionada suele generar ansiedad y temor a equivocarnos. Debemos comprender que, a excepción de casos puntuales, es posible remediar los errores; y de aprender de ellos, para tomar luego una nueva decisión más acertada.
  4. Evaluar los resultados. Si la decisión fue correcta, pronto nos daremos cuenta; pero si no lo fue, debemos volver hacia atrás e identificar qué fue lo que falló.

Una buena toma de decisiones no implica no equivocarnos, sino aprender del proceso mismo y de sus resultados.

4.4

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