El término profesor acosado ha comenzado a circular en los últimos años en los ambientes escolares, académicos y legales. En algunos países como España las dimensiones que ha tomado este fenómeno son alarmantes y se expanden en orden creciente. Se estima que cerca del 25% del profesorado ha sido objeto (víctima), al menos una vez, del acoso de algún estudiante.
El fenómeno se inscribe dentro de la violencia escolar, como aquella violencia física y/o psíquica ejercida por uno o más alumnos hacia uno o más docentes. Las agresiones van de insultos y agresiones físicas a amenazas de denuncia a las autoridades (bajo cargos falsos), daños materiales, etc. Suele encontrárselo también bajo la denominación mobbing (acoso, por su traducción al inglés) o bullying, aunque éste último por lo general se ha utilizado para denominar la violencia y acoso sistemáticos de uno o varios alumnos hacia otro u otros; y el primero ha sido tradicionalmente reconocido como una problemática presente en ambientes laborales sucedido entre colegas o en relaciones de poder descendentes.
El acoso al profesor genera síntomas característicos de quienes sufren maltratos: temor al victimario, estrés, ansiedad, insomnio, depresión; y es responsable de una gran proporción de solicitudes de incapacidad o baja docente. Los docentes que sufren este tipo de violencia suelen temer realizar la denuncia por miedo a que se los catalogue como “malos docentes” o que los alumnos tomen represalias hacia su familia; sin embargo la denuncia sigue siendo la primera medida en la lucha contre el acoso al profesor.