La jubilación, entendida como el acto administrativo que marca el paso de la actividad a la pasividad laboral, introduce a las personas a una nueva etapa, y a cambios muy significativos.
Antiguamente, cuando la esperanza de vida era mucho menor a la actual, la jubilación era un reconocimiento y descanso de toda una vida de trabajo. Se otorgaba a personas de mayor edad, para que éstas pudiesen disfrutar de sus últimos años de vida. En la actualidad, se ha instituido como un paso “legalmente” obligado; aún para personas que no lo desean, o que aún se sienten muy jóvenes como para abandonar el ámbito laboral.
Los cambios que acaecen luego de la jubilación, no suelen ser muy bien llevados por una gran mayoría; hecho que se refleja por ejemplo en la aparición de depresiones. Algunas de las causas que podríamos identificar como generadoras de malestar incluyen: los prejuicios asociados a este estado, la falta de planificación para los años venideros y la ausencia de observancia respecto a los aspectos positivos de la misma.
Cuando los signos de malestar no desaparecen al cabo de algunos meses; puede ser necesaria la consulta a un especialista. Actualmente existen personas que se especializan en orientación psicológica para el proceso de jubilación.