La temperatura: cada ciclo biológico de la planta (germinación, floración etc.) tiene unos requerimientos térmicos concretos. En función de ellos, se realizaran las labores necesarias para adaptar la temperatura exterior a las necesidades de la planta
Las precipitaciones: las lluvias frecuentes favorecen los cultivos, sin embargo, las torrenciales como ya hemos dicho en otros artículos, pueden arruinarlos o perjudicarlos al inundarlos. Lo mismo ocurre con el granizo y las heladas, que pueden llegar a causar daños irreparables. La niebla también es un enemigo de los huertos. En exceso, favorece la aparición de enfermedades en las plantas. Por ultimo, el rocío es un gran aliado al favorecer y mantener la humedad en zonas con escasas precipitaciones
El viento: los vientos suaves son grandes aliados para el huerto ya que ayudan, entre otros aspectos, la transpiración, evitan las escarchas y alejan las nieblas que perjudican la incidencia de luz sobre las plantas. Hay que tener cuidados con los vientos fuertes