El terreno idóneo

No todas las tierras son aptas para que las plantas vivan de manera saludable. Conseguir un buen suelo es posible una vez que se reconocen sus particularidades y sus carencias.

Las características físicas y químicas del terreno determinan el crecimiento de las especies, algo a tener en cuenta antes y después de plantar.

Entre los principales factores del suelo figuran el tempero y el pH. El primero indica el grado óptimo de humedad. El pH su acidez o alcalinidad, que conviene determinar, ya que la tierra retiene pocos nutrientes y en la alcalina las plantas asimilan mal algunos minerales.

Otras de las cualidades del suelo es la textura, que queda definida por la cantidad de arena o piedras que contenga. Así, en general, los suelos más finos son arenosos y los más compactos arcillosos. Asimismo, existen suelos mixtos que combinan arena, arcilla y otros materiales.

El desarrollo de las plantas depende, sobre todo, del suelo en el que lo plantemos. De ella obtiene sujeción, humedad y los nutrientes que necesitan les vienen del terreno.

4.5

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