Desde algunas escuelas de la psicología, las quejas son uno de los síntomas principales que caracterizan a una persona como neurótica; junto al mal humor y el miedo.
La queja expresa un estado de insatisfacción, que enuncia el malestar vivido y sentido por quien lo padece; así lo refleja la Real Academia Española al definir la queja como una “expresión de dolor, pena o sentimiento”. Algunos autores hacen hincapié en diferenciarla del “lamento”; refiriendo que, este último, no posee el tinte acusatorio de la primera.
La importancia de analizar y modificar esta actitud en cada uno de nosotros, radica en que la misma no posee mayor finalidad que la simple descarga. Esta manera de conducirnos; no produce cambio alguno en quien la ejerce, en terceros, o en el ambiente externo. Más aún, las quejas nos mantienen en un estado insatisfactorio de recurrencia circular, que nos impide avanzar hacia una situación de mayor bienestar; a lo que se suma la incomodidad que generamos en los demás.